
Gestionar la salud animal es gestionar la eficiencia productiva. La producción de carne atraviesa un escenario de oportunidad: demanda global en crecimiento, buenos precios, tecnología disponible y un riesgo relativamente bajo frente a otras actividades. El potencial de la ganadería argentina es inmenso: oferta forrajera, genética de excelencia, sanidad, infraestructura y personas que saben —y disfrutan— hacer ganadería. El desafío es reducir la brecha productiva que cada empresa posee, en mayor o menor medida, y transformar ese potencial latente en resultados concretos a través del diagnóstico, la planificación, la eficiencia y el trabajo en equipo.
La posibilidad de producir más y mejor no depende solo del contexto, sino de cómo se gestionan los procesos internos. Para sostener resultados se necesitan pilares firmes: personas formadas, información confiable, asesoramiento técnico, un plan sanitario claro y adopción tecnológica.
Cuando un equipo entiende el propósito de su trabajo, reduce errores, mejora la comunicación y potencia el compromiso. Las empresas son las personas; invertir en su desarrollo y bienestar es la estrategia más rentable para lograr sistemas productivos consistentes.
La productividad también se construye con información. Registrar datos —nacimientos, servicios, tratamientos, pesos, mortalidad— permite detectar pérdidas ocultas y medir avances. La identificación electrónica se convierte en una herramienta decisiva: individualiza cada animal, integra datos sanitarios y productivos y transforma la información en decisiones concretas.
Ninguna empresa ganadera alcanza su potencial sin una mirada técnica externa. El veterinario diagnostica, planifica, controla enfermedades clínicas y subclínicas y ayuda a interpretar resultados. Su intervención evita improvisaciones que, en ganadería, suelen traducirse en pérdidas de kilos, tiempo y dinero.
La sanidad es un pilar central. Un plan sanitario bien diseñado integra prevención, bienestar animal, nutrición y bioseguridad. La prevención no es un gasto: es una inversión con retorno directo. Las enfermedades tienen costos claros: neumonías (20–40 kg), parasitosis (10–80 kg), diarrea neonatal (10 kg por ternero), deficiencia de cobre (3–10 kg por mes). Son kilos que no se ven, pero se pierden. Un rodeo sano expresa mejor su genética y convierte con mayor eficiencia.
Argentina cuenta con conocimiento, recursos y profesionales altamente capacitados. El desafío pendiente es profesionalizar la gestión: ordenar, medir y capacitar. Así como un animal sano enfrenta mejor los desafíos, una empresa eficiente resiste mejor los vaivenes del mercado. La eficiencia no se decreta: se construye todos los días con equipos comprometidos, planificación y decisiones basadas en datos.
Desde el Departamento Técnico de Biogénesis Bagó trabajamos para transmitir estos conceptos en cada jornada y capacitación, acompañando a las empresas en la construcción de sistemas más sanos, eficientes y sostenibles.
Por MV Marcos Saint Martin – Asesor en Grandes Animales, Biogénesis Bagó.
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