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Premio Revista Taurus 2014
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Semblanza para el Dr. CAÍN RODRÍGUEZ DUBRA
Fecha: Septiembre 2014

Premio Revista Taurus edición 2014

En merecimiento a la labor desarrollada como médico veterinario en el ámbito de la fisiopatología de la reproducción en bovinos y como docente capacitador de innumerables profesionales veterinarios en Argentina.

 

 

Me honra escribir una semblanza sobre la vasta trayectoria del Dr. Caín Rodríguez Dubra, un amigo, un colega, un gran maestro de la medicina veterinaria que éticamente introdujo en nuestra profesión la enseñanza a todas las personas que lo hayan conocido y aprovechado a trabajar junto a él.    


Caín Rodriguez Dubra nació el 20 de febrero de 1931 en la Capital Federal, cursando sus estudios primarios y secundarios en la ciudad de Lincoln. Obtuvo su título profesional en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata en 1954 y, aunque poco común en la época, logró su título de Doctor en Medicina Veterinaria en 1963, luego de rendir su tesis Doctoral sobre “Hormonas Sexuales en la Práctica Veterinaria”. Ya en esa época, el joven Caín Rodriguez Dubra se inclinaba por los temas reproductivos veterinarios, incipientes en nuestro país, que impactarían posteriormente de manera trascendente en su carrera. Esta inquietud por una permanente mejora en sus conocimientos y aptitudes profesionales quedó reflejada en sus múltiples estadías en centros de Investigación, particularmente en Gran Bretaña entre los años 1955 y 1965, en donde siguió profundizando su interés por la fisiopatología de la reproducción bajo la tutoría de renombrados investigadores de la época, en especial el Dr. Sam Hignnet, incorporando a su bagaje de conocimientos aquellos referidos a la inseminación artificial, la congelación del semen bovino, la morfología espermática y aspectos de la patología de la reproducción como la brucelosis y sus métodos de diagnóstico, así como en temas relacionados con la mastitis. Al regresar al país y comenzar a ejercer la profesión, volcó una parte importante de su aprendizaje de fisiopatología de la reproducción en los bovinos e inseminación artificial con la tutoría del Dr. Emilio Azzarini, quien, junto con Mr. Hignett, fueron sus grandes maestros de toda la vida. Además de su actividad profesional llevada a cabo en Argentina y producto de su sólida formación científico-técnica, realizó a lo largo de su carrera una importante actividad de experimentación e investigación en diferentes áreas. Caín participó con otros profesionales de reuniones sobre la transferencia placentaria del hierro, sobre la función de la placenta y retención de las membranas fetales, anormalidades espermáticas, evaluación seminal con tinción espermática y los criterios para interpretar las anomalías de estos gametos. Pero fue en el Agricultural Research Council en Cambridge con el Dr.  Rowson, pionero de las transferencias embrionarias en el mundo y presidente de la Sociedad Internacional de Embriones, con quien participó de nuevas experiencias sobre transferencia embrionaria, tema que marcó una huella en la carrera y desarrollo pionero de Caín para desarrollar estas actividades en Argentina. Esto es retomado años más tarde en el Calgary Transplant Center bajo la dirección de Murray Jacobsen y en el Animal Reproduction Laboratory de la Universidad del Estado de Colorado en USA, donde se interiorizó de los últimos avances de la técnica de transferencia embrionaria. Producto de esto surgió la idea de montar un centro junto a su socio, el Dr. Alberto Frene, donde se constituyó la firma “Embrión S.A.” quien articuló la adquisición de la infraestructura y material necesarios para el funcionamiento del “Centro de Transferencias Embrionarias” en Lincoln, provincia de Buenos Aires. Luego de innumerables trabajos experimentales, junto a la Dra. Susan Long, el 12 de septiembre de 1977, sobre una vaca Aberdeen Angus superovulada con hormona PMSG e inseminada con semen de la misma raza, procedieron a la recuperación embrionaria quirúrgica obteniendo 9 embriones. De éstos, solo 4 se consideraron viables y fueron transferidos a 2 vaquillonas receptoras Hereford. Durante 9 meses se aguardó el resultado de esta novedosa práctica y fue durante una fría noche de junio de 1978 cuando nació la primera ternera fruto de transferencias embrionarias en Argentina. Este hecho despertó mucho interés y fue considerada el “alumbramiento” de las técnicas de TE que hoy tienen un gran desarrollo en nuestro país. A partir de ese momento, Caín se abocó a las transferencias embrionarias casi como su actividad excluyente, intercambiando trabajos y estudios con otros profesionales dedicados a este campo de la biotecnología, poniendo énfasis en la elaboración de medios de lavaje uterino y mantenimiento de embriones y evaluación embrionaria, entre otras actividades. Desde 1979 hasta 1985 las transferencias embrionarias se tornaron una actividad cotidiana, que le permitió cosechar alegrías y sinsabores pero, por sobre todas las cosas, lo obligó a una tarea de actualización temática constante. A partir de aquel año, Caín fue aceptado como miembro de la International Embryo Transfer Society. Esta intensa actividad en el tema relacionado con los embriones lo llevó en años siguientes a realizar sucesivos viajes a centros de investigación de Gran Bretaña, EEUU y Canadá, en donde profundizó aspectos tan diversos de la técnica, como la congelación y partición embrionaria, elaboración de microinstrumentos, análisis cromosómicos (free-martin, translocación cromosómica 1/29), recuperación no quirúrgica de embriones y separación de blastómeros, hasta temas como el manejo de las hembras receptoras.


Aparte de su vida profesional y su pasión por la investigación, tuvo un rol muy importante en la formación de recursos humanos, recibiendo permanentes visitas al Centro de Transferencia Embrionaria “Instituto Azzarini” de Lincoln, de estudiantes de Escuelas Agropecuarias Secundarias y Terciarias, de grupos de estudiantes de Facultades de Veterinaria de Universidades Nacionales, como la UBA, Universidad Católica Argentina y la UNCPBA de Tandil, además de visitas de profesionales extranjeros de países como Inglaterra, USA y Canadá. Su necesidad de trasmitir sus experiencias se manifestó a través de un número importante de publicaciones científicas en revistas nacionales como internacionales, abarcando temas en las áreas de fisiopatología del aparato reproductor y temas referidos a la eficiencia, desarrollo y evaluación de las técnicas de transferencia de embriones en bovinos. Esta actitud de compartir experiencias y conocimientos se vio reflejada en los numerosos colegas que pasaron largas temporadas de trabajo con Caín y que dejaron anécdotas simples y sencillas, pero que muestran la grandeza de su maestro. Rescatando anécdotas y recuerdos de algunos de sus estudiantes colaboradores se destaca la alta responsabilidad que el Dr. Rodriguez Dubra ha puesto para la enseñanza de sus conocimientos. “Caín y Alberto (Frene,) socios en aquellas épocas, tuvieron enorme efecto para decidirme a estudiar Veterinaria, pero no solo eso, podría decir también para seguir un estilo de vida. Ellos conformaron un equipo notable de profesionales formidables complementándose de manera admirable. Recuerdo a Caín por su seriedad profesional, su dedicación casi absoluta a la profesión veterinaria que solo parecía compartir con sus otras dos pasiones, su familia y el tenis”, dijo Fernando Riera, un veterinario que trabajó y aprendió mucho al lado de Caín. “El nacimiento de Albertina, la primera ternera obtenida por transferencia embrionaria, nació el día de cumpleaños de Alberto Frene (de aquí el nombre que se le puso) y ocurrió alrededor del año 1978, toda una innovación para esa época en la medicina veterinaria del país. Caín era de esas personas que enseñaba sin proponérselo. Yo fui uno de los tantos veterinarios jóvenes que pasó por el Instituto Azzarini de Lincoln y en su momento estuvo totalmente influenciado por las ideas de Caín. Por todo esto puedo afirmar que sus enseñanzas y su ejemplo fueron determinantes en mi vida profesional, comentó Riera.     


Otro veterinario pasante en el Instituto Azzarini, el Médico Veterinario Juan Byrne, comento: “a Caín lo aprecio muchísimo y en su clínica lo pasé muy bien. Lo llamábamos el Tío aunque no sabemos si alguna vez se enteró. Él siempre fue muy anglófilo (por la afinidad con sus estudios en Inglaterra) y cuando hablaba en ingles conmigo me pedía por favor que preparara un “paraguaian tea”, que traducido significaba prepárate un mate. En su escritorio se leía en un recorte una máxima que decía algo así: “El hombre inteligente aprende de la experiencia propia y de la ajena, el hombre medianamente inteligente aprende de la experiencia propia, pero el hombre bruto, ese que nunca se preocupa por mejorar, no aprende ni de la propia ni de la ajena”, aludiendo a la necesidad de capacitarse y aprender de manera constante y que Caín inducía en sus charlas.  “Siempre recuerdo eso y por esto, amigo Caín, un gran abrazo por toda la enseñanza que me dejaste”, finalizó diciendo Juan.


Como esta actividad de formación de recursos humanos fue una constante que acompañó su vida profesional, no pueden dejar de recordarse anécdotas como las mencionadas por A. Gibbons, veterinario investigador de INTA Bariloche, quien estuvo a comienzos de la década del 80 tres años en su compañía. Menciona Alejandro como “en las madrugadas al salir a realizar sus trabajos de campo, escuchar a B. Neustadt y sus comentarios sobre la vida en nuestro país, a Cain lo hacían entrar en una condición de tan mal humor que le daban más ganas de seguir trabajando a full”. Asimismo, por su pasado anglófilo, tuvo que sufrir muchas bromas de sus discípulos durante el conflicto por Malvinas, aún cuando él no defendía, en ese caso, la posición de Gran Bretaña, provocándole nuevas broncas, en este caso con sus alumnos. Finalmente también vale la pena recordar que su afición tenística no solo se mostraba en su gusto por jugar, sino que fue formador de jugadores, algunos de los cuales fueron destacados tenistas de su Lincoln natal.
Podemos resumir que el Dr. Caín Rodriguez Dubra dedicó con ahínco su vida a la profesión veterinaria, capacitándose en destacados centros de referencia y asistiendo desde el año 1956 hasta el 2009 a numerosos cursos, jornadas y congresos, no solo del área de la reproducción sino también de la fisiopatología reproductiva y de las enfermedades que afectan los índices de producción en nuestros rodeos bovinos. La calidad humana del Dr. Caín Rodriguez Dubra se destaca de manera complementaria a través de la numerosa cantidad de profesionales que pasaron por su centro y para los cuales Caín representó la figura señera en temáticas como la reproducción animal pero también en su dedicación al trabajo honrado y serio que siempre lo distinguió. Por todo esto, su pasión por la profesión ha contribuido de manera significativa en estas últimas décadas de la medicina veterinaria en la Argentina y en la región lo cual justifica sin ninguna duda el reconocimiento que se hace en este momento a la destacada y merecida trayectoria mostrada por el Dr. Caín R. Dubra en nuestro país. 
 
Fernando Paolicchi

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